Marguerite Guggenheim nació en Nueva York (Estados Unidos) en 1898, nieta de Meyer Guggenheim e hija de Benjamin Guggenheim, un empresario de origen suizo-alemán-judío. Perteneció a la segunda generación de una familia que había emigrado desde Europa para forjarse un futuro en Estados Unidos, a los catorce años heredó una gran fortuna por la muerte de su padre que acompañado de su amante, una cantante francesa llamada Léontine Aubart, pereció en el hundimiento del transatlántico Titanic; cabe destacar que sus cuerpos nunca fueron recuperados.

Pese a su posición económica, Peggy tuvo problemas de integración en la sociedad elitista neoyorquina, entre otros motivos porque su nariz minó su autoestima desde adolescente. Sus complejos e inseguridades la llevaron a recurrir a una cirugía plástica que dieron unos resultados desastrosos, por lo que se convirtió en una joven solitaria alejada de los círculos de su entorno, retraída y solitaria. Tras terminar sus estudios, encontró trabajo en una librería vanguardista, allí conoció las últimas tendencias que en esos momentos estaban moviendo los cimientos del viejo continente.

En 1920 viajó a Europa, donde permaneció veintitrés años. En París y Londres comenzó su auténtica pasión  por el arte, conoció a Marcel Duchamp que le enseñó conceptos tan básicos como la diferencia entre abstracto y surrealismo y en 1938 inauguró en Londres su primea galería la “Guggenheim Jeune” con una exposición de Jean Cocteau que resultó un auténtico fracaso comercial, hasta el punto de que la misma Peggy comenzó a comprar en secreto las obras expuestas. A la exposición de Cocteau le siguieron las de Kandinsky, Yves Tanguy, Wolfgang Paalen y otros artistas vanguardistas y de esta manera consiguió formar una de las colecciones de arte moderno más interesantes.

Jackson Pollock ante su Mural (1943)

Universidad de Iowa. Donación de la Fundación Peggy Guggenheim

Se casó con el escritor Lawrence Vail, un bohemio, alcohólico y agresivo que no dudó en denigrarla. Formaron un matrimonio lleno de escenas violentas, insultos, maltratos verbales, en el que ella era golpeaba a menudo, tanto en privado como en público. Del matrimonio nacieron sus hijos Sindbad y Pegeen. En 1928 consiguió abandonar a Lawrwnce y pese a las leyes extremadamente machistas de la época obtuvo la custodia de Pegeen, aunque no la de Sindbad.

Dos días antes de que los alemanes invadieran París, Peggy pudo huir a Grenoble y salvar su colección que había sido almacenada en el granero de un amigo escondida del pillaje nazi, por aquel entonces ya se componía de importantes obras de Kandinski, Klee, Picabia, Braque, Gris, Miró, Ernst, De Chirico, Tanguy, Dalí, Magritte, Brancusi, Giacometti, Moore, Arp y una casi inacabable lista que corrió serio peligro de desaparecer, era el verano de 1941, cuando la cada vez mayor presión alemana sobre la comunidad de artistas que residían en la Francia ocupada puso en grave riesgo a los artistas y a las obras del llamado “arte degenerado”, especialmente si eran de origen judío.

Volvió a su país y con su bagaje abrió una innovadora galería de arte en Nueva York. En este lugar descubrió el expresionismo abstracto, especialmente el de Jackson Pollock y se convirtió en mecenas de artistas, no paró en organizar fiestas a las cuales asistían todo el mundillo artístico y obtener así ese reconocimiento que en su juventud le fue negado. A Peggy se le debe también que fue la responsable última de que muchas obras de arte europeas llegaran por primera vez a Estados Unidos, actuando como puente entre los dos continentes y dando paso a poner en valor la vanguardia el arte norteamericano que tomó el relevo del que se estaba haciendo en la maltrecha Europa.

Tras su aventura americana, compró el Palazzo Venier de Leoni de Venecia donde instaló un museo en el que pudo mostrar su ya enorme colección de cuadros y esculturas a orillas del Gran Canal. A este museo le dedicó los últimos años de su vida, rodeada siempre de sus perros.

Museo Guggenheim de Venecia

En Venecia se convirtió en un misterioso personaje, ataviada con excéntricas vestimentas, gafas de sol estrafalarias  y originales accesorios. Era fácil verla públicamente paseando en su góndola privada, continuó con su costumbre de organizar fiestas y en su casa se reunieron celebridades tan dispares como Yoko Ono  o Truman Capote. Abrió las puertas de su palacio al público como el Museo Guggenheim de Venecia.

Después de una vida intensa, su final estuvo marcado por la tristeza, desde que conoció la terrible noticia del suicidio de su hija Peggy se recluyó por completo y nunca llegó a superarlo. En 1979 murió a causa de una apoplejía y sus cenizas fueron enterradas en una esquina del jardín del Palazzo Venier, cerca del lugar donde ella solía dar sepultura a sus  mascotas.