Nació en Madrid en 1938. Su talento era tan evidente que uno de sus primeros profesores, al ver un dibujo suyo a tiza de la Sagrada Familia, instó a su madre a que llevara a la niña a clases de pintura.

Un día hice novillos y descubrí el Museo de Reproducciones. Me enamoré del lugar, allí cualquiera podría alquilar un caballete y pintar a su aire. Fui allí para practicar y prepararme para la Escuela de Bellas Artes

A los quince años de edad, ingresó a la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, dado su expléndido expediente académico recibió una beca para hacer una pasantía de ilustración en el Instituto Beatriz Galindo. Fue compañera de estudios de Antonio López y Francisco López Hernández, y la amistad que surgió entre ellos fue el germen del grupo que más tarde fue denominado como “El realismo madrileño”.

Siempre he vivido rodeada de arte. Mi bisabuelo era un gran aficionado, y mi padre era ingeniero de minas e hizo algunos dibujos técnicos preciosos. Ahora soy mujer y madre de escultores.

Además de Quintanilla, Antonio y Francisco López, el colectivo lo formaron María Moreno, Esperanza Parada, Amalia Avia y Julio López Hernández. Todos compartieron el mismo estilo en sus obras, pese a no haber acordado ningún código estético, ni artístico. Fueron amigos y familia, formados en el mismo ámbito que les agudizó poner el foco en los espacios, figuras y motivos humildes aparentemente desapercibidos. Desde que en 1955 organizaron su primera exposición colectiva, permanecieron unidos toda la vida.

Casada con el escultor Francisco López, juntos realizaron su primer viaje internacional, se mudaron a Roma, ya que la Academia Española concedió una beca a Francisco, gracias a su experiencia romana, Isabel expuso de forma individual por primera vez en Palermo (Italia). Italia y más tarde Alemania, fue un país emblemático en su trayectoria y al que regresó con su obra en repetidas ocasiones. A su vuelta a España en 1964,

Repisa de baño (1970)

Quintanilla siguió pintando y exponiendo sus obras y se hizo con el apoyo de la crítica.

Los oleos de Isabel Quintanilla pertenecen al quinto período del estilo bodegón, que se inició en el siglo XX, caracterizado por menor cantidad de objetos, más espacio entre ellos y menos dedicación por los detalles. Lo que destaca en esas pinturas es la capacidad para capturar texturas y de hacer de lo pequeño e invisible el motivo principal de sus lienzos, casi siempre usando una luz difusa. Además de los bodegones, realizó otras pinturas con paisajes y sobre todo sus especiales escenas de interior.

La pintura de Isabel, o Maribel como la llamaron sus allegados, respira limpieza, serenidad y orden, su depurada técnica y su especial sensibilidad en el juego de luces la hacen brillante y decisiva para documentar desde la visión de una mujer artista la cotidianidad de la vida interior de muchos hogares de la mal llamada clase media española.

Cuarto de costura (1974)

De las exposiciones colectivas en las que ha participado destaca la organizada por la Galería Marlborough de Londres, la de la Galería Leandro Navarro sobre la nueva generación de realismo español y sobre todas ellas destaca por el reconocimiento del Museo Thyssen de Madrid que supuso la organización de la exposición colectiva titulada “Realistas de Madrid” en el 2016 y como mujer artista formando parte de la exposición “Doce artistas en el Museo del Prado” en el 2007

 

Quintanilla falleció en octubre de 2017, en su residencia de Brunete (Madrid).