Nació en Barcelona en 1890, hija del matrimonio formado por el pianista y compositor Isaac Albéniz y Rosina Jordana. Cuando era pequeña, la familia se trasladó a Londres, donde recibió una excelente formación. Llegó a dominar hasta siete u ocho idiomas. También vivió entre París y Niza, durante los primeros años del siglo XX.

En 1906, con sólo 16 años hizo su primera exposición en el Musée Moderne de Bruselas, donde presentó “Pages d’album” una muestra de dibujos y acuarelas que fueron muy bien recibidos por la crítica, que las calificaron de “divertissants et spirituels”.

Un año más tarde, en 1907, expuso dibujos y pasteles, en una muestra que compartida con Ismael Smith, al establecimiento de Josep Ribas en Barcelona. Desde entonces la crítica siempre le fue muy favorable aunque, a menudo, aludió a su «espíritu femenino». La buena relación con su padre le abrió las puertas del mundo artístico y cultural parisino de principios del siglo.

Las obras de esta primera época recogen el ambiente mundano de París y de la Belle Epoque, un mundo de dandismo entre “vache” (espiritual, irónico, cínico) y “chic” (de elegancia prusiana de la capital), la importancia del ambiente decorativo, urbano y moderno, pero también un mundo culto en el que la presencia femenina era muy destacada. Unos años más tarde, en 1911, participó en una exposición conjuntamente con Ismael Smith, Néstor Fernández y Marià Andreu al Faianç Català, una exposición muy significativa, ya que reunió a cuatro artistas de una generación joven, que trabajan diferentes disciplinas como son el dibujo, pintura, caricatura, escultura y esmalte, y que entendieron la modernidad como un tránsito del viejo al nuevo, del modernismo al novecentismo. 

Tres años más tarde, en 1914, realizó una exposición individual en las Galerías Dalmau, en la que representó .estereotipos de mujeres andaluzas.

 Portada de “d´aci – d´all” (1921)

En 1918 se casó con un militar de carrera, con el que tuvo una hija y un hijo que murió durante la guerra civil. Su casa funcionó como uno de los famosos Salones: se celebraron semanalmente tertulias donde asistieron intelectuales y artistas de la época como sus grandes amigos Olga Sacharoff y Otto Lloyd. Fue una artista polifacética, pintó acuarelas y pasteles, diseñó exlibris, y sobre todo trabajó como dibujante. Entre los años 1919-1921, sus ilustraciones las encontramos en publicaciones de la época como las revistas Feminal, d’Ací d’Allà y la Esfera (donde ilustraba los artículos de Eugenio d’Ors). También trabajó como ilustradora de libros entre los cuales: Elegías (1910) de Eduard Marquina, y posteriormente La aldea ilusoria (1920) y El peregrino ilusionada (1921) de Gregorio Martinez Sierra.

Laura Albéniz, mantenía una buena relación con otros artistas de su época. Con Eugeni d’Ors mantuvo a lo largo de toda la vida, una relación profesional, intelectual y de amistad, como testigo de esta relación ha quedado d una fructífera correspondencia.

A partir de los años 30 las figuras de Laura Albéniz evolucionaron hacia el mediterranismo, representando el ideal de mujer novecentista: una mujer catalana sana y fuerte, de formas redondeadas, a la que se asignaba el rol tradicional de esposa y madre, y transmisora de valores morales y culturales. Estas mujeres se alejaron de las jóvenes modernas que había pintado o dibujado años atrás, que nos transportaban a un ambiente culto, elegante y moderno, y representaban un nuevo modelo de mujer en busca de su libertad. Posiblemente, este giro en su producción es consecuencia de la dictadura de Primo de Rivera.

Retrato de su hija Rosina (1828-1930)

 

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