Nació en La Habana (Cuba) en 1948. A la edad de 13 años comenzó una segunda vida cuando, junto a su hermana mayor Raquel, llegó a Estados Unidos como parte de la Operación Peter Pan. Se trataba de una maniobra coordinada entre el Gobierno de los Estados Unidos (con especial interés por parte de la CIA), la Iglesia católica y los cubanos que se encontraban en el exilio, un programa pionero con el que consiguieron enviar a catorce mil niños y niñas cubanos a diferentes puntos de Estados Unidos como un esfuerzo para “salvarles” del régimen anticatólico de Castro.

Las hermanas Mendieta fueron enviadas a Iowa, vivieron en orfanatos y casas de adopción donde, por primera vez, se reconocieron como víctimas del racismo. Ana estudió Bellas Artes en la Universidad de Iowa, allí conoció al pintor y profesor de origen alemán Hans Breder que fue una de las personas más influyentes en su formación  artística ya que la puso en contacto con los movimientos más vanguardistas.

Ana se convirtió en una de las primeras artistas en experimentar con las diferentes disciplinas artísticas que comenzaban a tomar formar: la Performance, el Body Art y el Land Art. Utilizó su cuerpo como la materia prima para crear obra. Eligió estos nuevos lenguajes para expresar su posicionamiento ideológico en cuestiones étnicas o de género y mostrar su interés por la antropología, la sociología y la naturaleza.

Imagen del Yagul (1973)

Debido a las tensiones políticas entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, no pudo volver a sus raíces, pero como compensación tuvo la gran suerte de poder viajar en varias ocasiones a México y encontrar un país similar al suyo, en el que se sintió socialmente integrada, racialmente identificada y en el que pudo expresarse en su lengua materna. Durante esos viajes realizó una de sus series más emblemáticas “Siluetas”, un proyecto compuesto por más de 200 imágenes en las que Ana fotografió su silueta y documentó su efímera presencia, su ausencia y los procesos rituales para convertirse en parte de la tierra, como el agua, la arena, el fuego, el humo… recordando siempre la idea de la muerte como tránsito para volver a los materiales que componen la naturaleza.

La década de los 70 años se caracterizó por una gran explosión del arte feminista en Estados Unidos, Ana Mendieta se unió al movimiento denunciando la situación de la mujer y la violencia de género por medio de sus obras. En su proyecto “Glass on body” de 1972 se muestra desnuda presionada y distorsionada sobre una lámina de cristal para romper con la belleza del desnudo femenino que la historia del arte ha perpetuado.

“He ido manteniendo un diálogo entre el paisaje y el cuerpo femenino, basado en mi propia silueta. […] Mi arte es la forma de restablecer los vínculos que me unen al universo. […] Mediante mis esculturas earth/body me uno completamente a la tierra […] Me convierto en una extensión de la naturaleza y la naturaleza se convierte en una extensión de mi cuerpo. Este acto obsesivo de reafirmación de mis vínculos con la tierra es […] una manifestación de mi sed de ser.”

En “Facial Hair Transplant de 1972 Mendieta se colocó el pelo de la barba de su amigo Marty Skal en la cara, para denunciar y reivindicar por medio del intercambio de identidades entre lo masculino y femeninos.

El árbol de la vida (1977)

En 1973 tuvo lugar la violación y asesinato de Sara Ann Otten, una estudiante de enfermería en el campus de la Universidad de Iowa. Las autoridades no quisieron confirmar que había sido una agresión sexual, pero Ana, conocedora de la verdad, quedó conmocionada y para mostrar su repulsa llevó a cabo la performance “Rape Scene”. La artista recreó con crudeza en su apartamento aquel terrible acto, invitó a sus amigos y compañeros al apartamento a una hora determinada para que se encontraran de bruces con una joven (ella misma) con las manos atadas a la espalda inclinada sobre la mesa, desnuda de cintura para abajo y con sus piernas cubiertas de sangre.

Pese a que en 1981 el presidente Ronald Reagan reinstituyó la política más hostil contra Cuba desde la invasión de Bahía de Cochino, Ana pudo regresar a su país donde realizó las Esculturas Rupestres en el Parque Nacional Jaruco, cerca de La Habana, consistente en diez esculturas femeninas que representaban deidades de la cultura precolombina Taína.

En 1985 Ana Mendieta disfrutaba de gran reconocimiento, pero después de una violenta discusión con su pareja Carl Andre, según testificaron los vecinos, cayó al vacío desde una de las ventanas del piso 34 de su apartamento en Nueva York, teniendo además arañazos frescos en su rostro.

Nunca pudo demostrarse la culpabilidad de Andre, la estrategia de su defensa consistió en presentar a Mendieta como una persona con tendencias suicidas y un estado mental preocupante, incluso utilizó el contenido de sus obras para argumentar un interés por los rituales, pese a que la hipótesis del suicidio fue siempre rechazada por los familiares y amigos de Ana. Después de tres años de juicio, el escultor fue declarado inocente, pero tuvo que pagar una fianza de un cuarto de millón de dólares y la sospecha del asesinato le sigue persiguiendo en cada una de sus exposiciones.

Ana Mendieta fue una artista única con una carrera artística muy corta en el tiempo, pero muy productiva e intensa. Durante los últimos años su obra ha recibido un enorme reconocimiento, valorando especialmente su conexión con la naturaleza, con la humanidad, el feminismo y la espiritualidad, y sigue siendo inspiración e influencia para infinidad de artistas actuales.