Victoria Martín de Campo, también conocía como Victoria Martín Barhié, nació en 1794, fue la tercera de los cuatro hermanos de una familia burguesa de Cádiz. Su padre, Sebastián Martín, era cónsul de Cerdeña y a la vez de comerciante. Su madre, Claudia Barhié, de origen francés, falleció al poco de su nacimiento y quedó al cuidado de la nueva esposa de su padre, que fue la encargada de su tutela y de la de sus hermanos.

Autorretrato (detalle) (1840)

Creció en Cádiz, cuando la ciudad vivía sus últimos días de esplendor económico como centro del comercio colonial y preparaba, en consonancia con su dinamismo social y cultural, su conversión en la cuna del liberalismo español.

No se sabe con exactitud cuál fuese su formación, se cree que nunca viajó a París o Roma, que fueron los núcleos fundamentales del Neoclasicismo imperante en la época, pero se sabe que tuvo por maestro a Manuel Montano, del que recibió una educación basada en la literatura y el arte, principalmente. Si bien, muy poco se sabe sobre el proceso de formación de esta pintora que, a juicio de Gaya Nuño, es uno de los mejores valores de la pintura neoclásica española.

Participó en diversos certámenes, siendo premiada en varios de ellos. El mayor éxito profesional fue ser la primera mujer Académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina y supernumeraria de la provincial de Bellas Artes de Cádiz. También consiguió ser socia de mérito del Liceo de Málaga.

Contrajo un primer matrimonio con Álvaro Jiménez Basurto, un comerciante acomodado en Cádiz, cónsul del Real Tribunal del Consulado y numerario de la Real Junta de Gobierno de la Escuela de Bellas Artes de Cádiz, entre otros cargos.

Psiquis y Cupido (1823)

Jiménez se encargó de administrar los bienes familiares, pero a su muerte no dejó bienes significativos ni hijos. Victoria, tras enviudar, contrajo nuevo matrimonio en 1835 con Antonio María de Campo, un oficial de la contaduría de aduanas, a su muerte volvió “sola en su casa de la Calle Soledad –en el Barrio de San Antonio- donde había vivido desde que dejó la casa paterna, rodeada de sus recuerdos, su piano, sus libros y pinturas. Estos últimos constituyen indicios valiosos para la reconstrucción de una trayectoria profesional que, como sucede a menudo, en lo que respecta a las mujeres artistas, se nos escapa”, según apunta María José de la Pascua Sánchez, Doctora en Historia y Catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz.

Fue una pintora fiel al estilo neoclásico, aunque con un toque personal y cierta influencia romántica que permite situarla en el prerromanticismo. Realizó obras de temática religiosa que actualmente se encuentran en la Catedral de Cádiz. Concrétamente su “Ecce Homo” que en alguna ocasión ha sido atribuido a Ribera. También se pueden encontrar su “Autorretrato” de 1840 y otras obras en el museo de Cádiz.

Victoria, también abordó la mitológica, con una de sus pinturas más conocidas “Psiquis y Cupido” en el mismo museo también se encuentra su “Autorretrato”, datado hacia 1840, un retrato de gran elegancia. Desafortunadamente, hay obras en paradero desconocido o mal atribuidas como son:” La Casta Susana””, David tocando el arpa ante Saúl”, “Niño en una floresta”, y un retrato de niño que fue muy popular entre los intelectuales del momento, pero del que no constan registros. Tampoco existen registros sobre su colección de sus magníficos dibujos.

La adoración de los Reyes (Datación 1801 = 1866)

https://es.wikipedia.org/wiki/Victoria_Mart%C3%ADn_de_Campo

https://www.lavozdelsur.es/victoria-martin-barhie-la-primera-mujer-academica-de-merito/