Madrid, 19 de junio de 1909 – 24 de agosto 1986, Madrid

Margarita González Giraud, fue conocida artísticamente como Margarita de Frau. Según ha manifestado su familia nació en 1909 en el Palacio de Alfonso XIII de Madrid.
Hija de un mayordomo real de Alfonso XIII, creció en el seno de una familia acomodada. Esto le permitió iniciar su formación plástica de manera privada; un entorno íntimo y protegido donde cultivó un talento técnico excepcional sin romper con las rígidas convenciones burguesas de su tiempo.
Su vida y su trayectoria artística dieron un giro decisivo en 1929, cuando contrajo matrimonio con su maestro, el ya reconocido pintor José Frau. A partir de entonces, adoptó el apellido de su esposo para firmar sus obras. Esta unión constituyó una realidad ambivalente: si bien su identidad pública quedó en gran medida vinculada a la de él, también le abrió las puertas de certámenes, exposiciones y círculos institucionales que impulsaron su proyección profesional.
Juntos, aunque conservando cada uno su propia personalidad artística, fueron conocidos en los ambientes de vanguardia del primer tercio del siglo XX como «los Frau». Sin embargo, la influencia de Margarita en el éxito compartido fue tan importante como la de su marido. Además de pintora, poseía una notable capacidad para las relaciones públicas y la gestión profesional, cualidades que contrastaban con el carácter reservado de José, más inclinado a la soledad de su estudio. Formaron así una colaboración excepcional en la que talento artístico y habilidad social se complementaron a la perfección, hasta el punto de que resulta difícil imaginar el alcance de sus logros sin la aportación mutua de ambos.

Paisaje (s/f)
Colección Real Academia de San Fernando. Madrid
Su consagración oficial llegó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 con su aclamada obra “Ventana que mira al puente”, un éxito que consolidó en las ediciones de 1934 y 1936. Su estilo, adscrito a los nuevos realismos europeos y a la vanguardia lírica, destacaba por paisajes y bodegones de geometrías limpias, trazos sobrios y una calculada y elegante contención emocional.
Pronto su arte cruzó fronteras. En 1936 participó en la exposición Art Espagnol de París junto a creadoras de la talla de Ángeles Santos, Rosario de Velasco y Marisa Pinazo. Al otro lado del Atlántico, conquistó con las Exposiciones Internacionales de Pittsburgh organizadas por el Instituto Carnegie, donde lo hizo de forma individual en 1938 y junto a su esposo en 1934. En las salas estadounidenses, «los Frau» compartieron espacio y prestigio con gigantes de la época como Salvador Dalí, Pablo Picasso, José Gutiérrez Solana o Daniel Vázquez Díaz.

Interior 2 (s/f)
Colección particular
En 1936 el matrimonio participó también en la Exposición Nacional de Bellas Artes que quedó interrumpida por el estallido de la Guerra Civil. En estos años Margarita se afilió como «paisajista» al Sindicato Único de la Enseñanza de Madrid, ligado a la CNT. Aunque nunca mostró un compromiso político activo, su valentía e intercesión directa fueron determinantes para salvar a su marido de una condena a muerte dictada por el bando republicano, a pesar de que este había colaborado en su defensa.
En 1943 Margarita ganó la pensión de la Fundación Conde de Cartagena concedida por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que consistía en un viaje por Latinoamérica de un año, en el transcurso del cual, realizó doce óleos que se expusieron en solitario en el Salón Marabini de Madrid un año más tarde, con un notable éxito de la crítica de la época.
En 1947 la familia Frau viaja primero a Buenos Aires donde residirían 3 años y de allí a Coyoacán, en México donde la familia estableció su residencia, entablando amistad con intelectuales exiliados y artistas mexicanos. La artista, durante esos años se dedicó a seguir pintando para ella misma, pero sobretodo enfocada a los negocios para poder sostener económicamente a su familia allí tendrían primero una fábrica de cerámica pintada a mano y más tarde un restaurante llamado El Convento.
Regresaron a España en 1966 retomando su participación en varias exposiciones. José Hierro la describió como «la artista Guadiana, que desaparece y reaparece sin que su capacidad creadora haya dejado de correr subterraneamente.» Sobre una exposición de la pintora en 1973, en la galeria Tartessos.
Continuó trabajando hasta su fallecimiento, ocurrido en 1986, diez años después que su marido. Desde su fallecimiento hasta ahora no se le había dado el reconocimiento que su carrera merece. Hoy, gracias a la revisión historiográfica contemporánea y a la custodia de sus obras en instituciones de la altura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la historia hace justicia. Margarita de Frau ya no es una sombra, sino una pintora rigurosa, brillante y fundamental para comprender la modernidad pictórica de la Segunda República. Su hija Elena Frau y su nieta Claudia Frau también siguieron sus pasos, siendo tres generaciones de mujeres artistas.



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