Carmen Arozena Rodríguez


Santa Cruz de La Palma. La Palma (Tenerife), 1917 – 6 de febrero de 1963, Madrid

Nació en Santa Cruz de la Palma en 1917, comenzó sus primeros estudios de arte en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal.

En 1928 se trasladó junto a su familia a Madrid, ciudad en la que descubriría el verdadero alcance de su talento. Allí ingresó en la Escuela de Artes y Oficios y continuó su formación en la Escuela de San Fernando, donde se matriculó en 1935.

La Guerra Civil interrumpió temporalmente sus estudios y también una generación entera de sueños artísticos. Pero lejos de abandonar su vocación, retomó su formación tras la contienda con renovada determinación. En 1942 obtuvo su licenciatura y, cuatro años después, finalizó los estudios de pintura y profesorado de Dibujo con un brillante expediente: cuatro diplomas de mérito y un premio en Color que reconocían ya una personalidad artística singular. En ese mismo periodo se especializó en grabado de reproducción, grabado original y estampación, disciplinas en las que desarrolló una voz propia y profundamente innovadora.

La mujer árabe (La enjuiciada) (1957)

Aguafuerte y aguantinta.

Su inquietud creadora la llevó más allá de España. Gracias a una beca del Instituto Francés, viajó a París en 1957 para estudiar durante dos meses con el prestigioso grabador inglés Stanley William Hayter en el mítico Atelier 17, un espacio fundamental para las vanguardias del grabado contemporáneo. Su obra pictórica abarcó el retrato, el paisaje y especialmente la temática religiosa, una constante cargada de emoción y espiritualidad. Sus dibujos, de gran fuerza expresiva, mostraban también un tono ilustrativo y caricaturesco que revelaba una mirada crítica y sensible a la vez.

La belleza del dolor (1958/59)

Aguafuerte, aguatinta y barniz blando

La trayectoria artística de Carmen Arozena Rodríguez se consolidó en la década de los cincuenta. En 1958 presentó su obra en la capital francesa bajo el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, y su nombre comenzó a aparecer en numerosas exposiciones colectivas internacionales en países como Chile, Suiza, Yugoslavia, Bolivia, Italia y Portugal.

En 1959 alcanzó uno de los hitos más importantes de su carrera al desarrollar el llamado “procedimiento Arozena”, una innovadora técnica de grabado que permitía trabajar en cualquier formato, crear variaciones a partir de una sola plancha y superponer diferentes matrices y materiales en una misma obra. Esta aportación técnica confirmó no solo su sensibilidad artística, sino también su extraordinaria capacidad de experimentación.

El reconocimiento no tardó en llegar. En 1960 recibió la Tercera Medalla de Grabado en la Exposición Nacional de Barcelona. Y en 1963 inauguró en la Galería Abril de Madrid la exposición más importante de su carrera, integrada por los grabados realizados mediante el procedimiento que ella misma había ideado. Fue un éxito rotundo, considerado por muchos la culminación de una trayectoria breve pero brillante.

Sin embargo, ese mismo año, cuando trabajaba en una serie dedicada al Zodíaco y su creatividad se encontraba en plena madurez, falleció inesperadamente. Su muerte dejó inconclusa una obra prometedora y profundamente personal. Como homenaje a su legado, en 1973 su familia creó un premio de grabado con su nombre en la Galería Tórculo de Madrid, perpetuando así la memoria de una artista que hizo del grabado un territorio de innovación, sensibilidad y expresión.


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