Kapuvár (Hungría), 1 de mayo de 1923 – 7 de agosto de 2020, Marcoussis (Francia)

Judit Némedy nació en la ciudad húngara de Kapuvár en 1923. Tras estudiar en la Academia de Bellas Artes de Budapest, obtuvo una beca para ampliar su formación en Roma.
De regreso a Hungría, decidió abandonar el país. Después de ocho intentos fallidos y de un viaje por Europa realizado en gran parte a pie, consiguió llegar a Francia, donde se establecería definitivamente.
En 1954 conoció a André Breton gracias a su compatriota, el artista Simon Hantaï. Breton organizó su primera exposición en la galería L’Étoile scellée y la acogió dentro del círculo surrealista. Sin embargo, las pinturas presentadas ya anunciaban un progresivo alejamiento de aquel movimiento. Las figuras oníricas dieron paso a una investigación cada vez más centrada en el gesto, la materia y el propio proceso de creación.

ls ont soif insatiable de l’infini (1950)
Colección Centro Pompidou. París
En el contexto de una École de Paris en declive, el automatismo surrealista evolucionó en su obra hacia una abstracción radical. Reigl dejó de concebir el cuadro como un espacio de representación para convertirlo en el escenario de una acción física. Al igual que Jackson Pollock, y en paralelo a artistas como Helen Frankenthaler, comenzó a trabajar sobre lienzos de gran formato colocados directamente en el suelo. Pintaba con pinceles, con los dedos o con herramientas fabricadas por ella misma sobre telas sin imprimar, dando lugar a algunas de sus series más importantes: Éclatements (1955-1958), Centres de dominance (1958-1959) y Écritures en masse (1959-1965).
El acto de pintar adquirió entonces un carácter casi performativo. El movimiento del cuerpo, el tiempo y la superposición de huellas se convirtieron en elementos esenciales de su lenguaje plástico. Esa investigación sobre el palimpsesto y la memoria material alcanzó una expresión especialmente intensa en las series Guano (1958-1965) y Entrées-sorties (1986-1988), realizadas a partir de fragmentos de antiguos lienzos que permanecían en el suelo de su estudio y que la artista reutilizaba y transformaba.

Los circulos del universo (1954)
Escritura automática
A partir de 1966, la figura humana comenzó a reaparecer de manera cada vez más evidente dentro de sus composiciones abstractas. El cuerpo nunca desapareció por completo de su obra; simplemente quedó integrado en el gesto pictórico.
En 2001, los atentados del 11 de septiembre otorgaron un significado inesperadamente trágico a uno de los motivos que llevaba décadas explorando: el cuerpo suspendido en el vacío. Aquellas figuras en caída libre, presentes desde mucho antes en su pintura, adquirieron entonces una nueva dimensión simbólica y se transformaron en una poderosa reflexión sobre la vulnerabilidad humana, la tragedia y la condición universal del ser.
Judit Reigl falleció el 6 de agosto de 2020, a los 97 años, en su casa de Marcoussis, al sur de París, donde había vivido y trabajado desde comienzos de la década de 1960. Su muerte pasó casi inadvertida para el gran público, aunque el mundo del arte lamentó la pérdida de una de las grandes figuras de la abstracción europea de posguerra. En los últimos años de su vida había visto cómo su obra era objeto de una profunda revalorización internacional, con importantes retrospectivas, la incorporación de sus pinturas a museos como el Metropolitan Museum of Art y el Guggenheim de Nueva York. Tras su fallecimiento se creó el Fonds de dotation Judit Reigl, institución encargada de conservar, estudiar y difundir su legado artístico.
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