Valladolid, 15 de diciembre de 1909 – 20 de mayo de 1975, San Sebastián

María Paz Jiménez Escudero nació en Valladolid en 1909, en el seno de una familia gitana, se trasladó a San Sebastián cuando tenía seis años. Fue allí donde despertó su interés por la pintura, desarrollando una formación esencialmente autodidacta, al margen de los circuitos académicos tradicionales. Su curiosidad intelectual, su sensibilidad artística y su inquietud por experimentar con diferentes lenguajes plásticos marcaron desde el principio una trayectoria independiente y personal.
En 1933 se trasladó a Madrid tras contraer matrimonio, pero el estallido de la Guerra Civil española la llevó al exilio en Buenos Aires, donde residió entre 1937 y 1945. Durante estos años continuó su formación artística y comenzó a desarrollar sus primeras obras, vinculadas principalmente al surrealismo. En ellas aparecen figuras femeninas, composiciones de carácter fantástico y escenarios de gran carga simbólica, en los que se manifiestan cuestiones relacionadas con la identidad, la experiencia femenina y la imaginación.

Hiru manolak” (Las tres manolas), (1950)
Kutxa Fundazioa bilduma
A su regreso a San Sebastián, en 1945, se incorporó activamente a la vida cultural y artística de la ciudad. Los viajes frecuentes a París le permitieron conocer de primera mano las corrientes más renovadoras del arte europeo y entrar en contacto con los lenguajes de la modernidad. Su pintura evolucionó progresivamente desde una figuración surrealista y expresiva hacia composiciones de influencia cubista, caracterizadas por el uso de grandes formatos, colores intensos y una materia pictórica abundante.
Durante las décadas de 1950 y 1960, Jiménez profundizó en la experimentación plástica y se aproximó al informalismo, incorporando a sus obras materiales poco convencionales, como arenas, tierras y pinturas plásticas. La textura, el relieve y la propia materialidad de la pintura adquirieron entonces un papel protagonista. Esta investigación la condujo hacia una abstracción cada vez más radical, en la que las figuras desaparecieron para dar paso a espacios, formas y estructuras de gran intensidad poética.

Adolescencia (1948–1949)
Colección Museo San Telmo, San Sebastián
En su última etapa, desarrolló una pintura más contenida y esencial, en ocasiones monocroma, construida mediante planos, rupturas, pliegues y variaciones tonales. Estas composiciones reflejan su interés por cuestiones filosóficas y existenciales, así como por el misterio de la naturaleza, el espacio y la vida. La poesía, la filosofía, la geología y la astronomía fueron algunas de las disciplinas que alimentaron su imaginario y su particular manera de entender la creación artística.
María Paz Jiménez mantuvo relación con algunos de los artistas más relevantes de la renovación plástica vasca, como Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, José Antonio Sistiaga, Rafael Ruiz Balerdi y Gabriel Celaya. Participó en exposiciones, encuentros y debates que contribuyeron a transformar el panorama artístico de su tiempo.
María Paz Jiménez falleció en San Sebastián en 1975, a los 65 años. Su muerte temprana interrumpió una carrera todavía activa y pese a su importancia y reconocimiento entre sus contemporáneos, su figura quedó parcialmente relegada en los relatos oficiales de la historia del arte. Su condición de mujer y gitana, contribuyeron a esta falta de reconocimiento historiográfico.
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