Logroño, 1968 – 2 de marzo de 2014k, Logroño

Lucía Landaluce Esteban nació en La Rioja, su inquietud por las formas comenzó en la Escuela de Artes y Oficios de Logroño, donde se sumergió en las técnicas de volumen y talla en piedra. Ese contacto temprano con lo tridimensional marcaría de por vida su posterior producción pictórica.
Buscando expandir sus horizontes artísticos, se trasladó a Zaragoza para estudiar pintura bajo la tutela del maestro Ángel Maturén, un encuentro clave que catalizó su transición hacia la abstracción pura. Su madurez artística y la excelencia de su propuesta técnica le valieron la obtención de la prestigiosa beca de la Fundación Pilar i Joan Miró a Mallorca. A partir de la década de 1990, su obra comenzó a expandirse de manera regular por salas y galerías de arte tanto en el circuito nacional como en el internacional.

Ecos y metáforas (2013)
El universo visual de Lucía Landaluce huye de la representación directa de la realidad para centrarse en la pureza del soporte y la textura. Su técnica se caracterizó por una constante investigación matérica, donde el lienzo y el papel de celulosa dejaban de ser meros fondos para convertirse en los verdaderos protagonistas.
Mediante la superposición de capas, pliegues, desgarros y relieves, Landaluce lograba que sus obras dialogaran con la luz de una manera orgánica. Sus piezas poseen una dualidad magnética: la aparente solidez y fuerza de las texturas contrasta con una profunda sensación de ligereza, fragilidad y sutileza espiritual. Series tan memorables como Papel o Frágiles testimonian su incansable búsqueda de la belleza en lo mínimo y lo descarnado.

Hago y deshago (2014)
Una muerte prematura a los 45 años interrumpió una trayectoria que se encontraba en plena plenitud creativa. Sin embargo, su universo artístico quedó firmemente custodiado en colecciones privadas e instituciones.
El reconocimiento a su carrera ha quedado plasmado en importantes homenajes póstumos, entre los que destaca la gran exposición monográfica que le dedicó la Sala Amós Salvador, un tributo que devolvió a su Logroño natal la luz, el volumen y la eterna delicadeza de su mirada artística.
Lucía Landaluce fue una de las creadoras más personales y sugerentes, a lo largo de su carrera, logró convertir la superficie del cuadro en un territorio de exploración táctil y emocional, consagrándose como una figura imprescindible del arte matérico.
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