Madrid, 19 de junio de 1914 – 15 de marzo de 1986, Olmeda de las Fuentes (Madrid)

Margarita González Giraud, fue conocida artísticamente como Margarita de Frau. Su fecha de nacimiento cabalga entre el misterio y la coquetería de la época: aunque su ficha de socia en la Asociación de Pintores y Escultores data su nacimiento en Madrid el 19 de junio de 1914 —un dato cuestionado por la habitual costumbre de la época de restarse años—, otras fuentes sitúan su origen en Vigo en el año 1898.
Hija de un mayordomo real de Alfonso XIII, creció en el seno de una familia acomodada. Esto le permitió iniciar su formación plástica de manera privada; un entorno íntimo y protegido donde cultivó un talento técnico excepcional sin romper con las rígidas convenciones burguesas de su tiempo.
Su vida y su carrera dieron un giro definitivo en 1929 al contraer matrimonio con su profesor, el ya célebre pintor José Frau. A partir de ese momento, adoptó el apellido de su esposo para firmar sus lienzos. Este vínculo matrimonial se convirtió en un arma de doble filo: si bien supeditó públicamente su identidad a la de él, también le abrió de par en par las puertas de los certámenes y las redes institucionales. Juntos e independientes a la vez, pasaron a ser conocidos en la vanguardia artística del primer tercio del siglo XX como «los Frau».

Paisaje (s/f)
Colección Real Academia de San Fernando. Madrid
Su consagración oficial llegó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932 con su aclamada obra “Ventana que mira al puente”, un éxito que consolidó en las ediciones de 1934 y 1936. Su estilo, adscrito a los nuevos realismos europeos y a la vanguardia lírica, destacaba por paisajes y bodegones de geometrías limpias, trazos sobrios y una calculada y elegante contención emocional.

Tinta de Plata (1934)
Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Pronto su arte cruzó fronteras. En 1936 participó en la exposición Art Espagnol de París junto a creadoras de la talla de Ángeles Santos, Rosario de Velasco y Marisa Pinazo. Al otro lado del Atlántico, conquistó con las Exposiciones Internacionales de Pittsburgh organizadas por el Instituto Carnegie, donde lo hizo de forma individual en 1938 y junto a su esposo en 1934. En las salas estadounidenses, «los Frau» compartieron espacio y prestigio con gigantes de la época como Salvador Dalí, Pablo Picasso, José Gutiérrez Solana o Daniel Vázquez Díaz.
El estallido de la Guerra Civil truncó este ascenso. Margarita se afilió como «paisajista» al Sindicato Único de la Enseñanza de Madrid, ligado a la CNT. Aunque nunca mostró un compromiso político activo, su valentía e intercesión directa fueron determinantes para salvar a su marido de una condena a muerte dictada por el bando republicano, a pesar de que este había colaborado en su defensa.
Tras el conflicto llegó el doloroso camino del exilio, que la llevó primero a Argentina y Uruguay. En 1949, Margarita y su hijo de apenas cinco años se instalaron en México, donde ya se encontraba José Frau y donde permanecieron hasta 1966. Al regresar a España, se encontraron con el vacío. El olvido dictado por el régimen y el paso del tiempo cayeron como una losa historiográfica que borró por completo su nombre de los manuales oficiales de arte. Tras quedar viuda, Margarita pasó su última década de vida en Olmeda de las Fuentes, un pequeño municipio madrileño convertido en un floreciente refugio y oasis para los artistas de la época. Allí falleció en 1986.
Hoy, gracias a la revisión historiográfica contemporánea y a la custodia de sus obras en instituciones de la altura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la historia hace justicia. Margarita de Frau ya no es una sombra, sino una pintora rigurosa, brillante y fundamental para comprender la modernidad pictórica de la Segunda República.


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