Ciudad de México (Mexico), 2 de noviembre de 1930 – 6 de junio de 1974 Ciudad de México (México)

Lilia Carrillo nació en la Ciudad de México en 1930, en un tiempo en que el arte buscaba nuevas voces y lenguajes. Desde muy joven se adentró en la disciplina académica, aprendiendo los fundamentos de la pintura en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, donde fue guiada por maestros como Manuel Rodríguez Lozano, Agustín Lazo y Pablo O’Higgins. Sin embargo, su inquietud no se conformó con lo aprendido: intuía que más allá de la forma existía un territorio aún por explorar.
Ese impulso la llevó a París, donde el aire mismo parecía vibrar con las corrientes de vanguardia. En Francia dio sus primeros pasos como expositora, presentando su obra en la Casa de México y participando en la colectiva Artistas Extranjeros en Francia en 1954. Pero su regreso a México, en 1956, no fue un retorno sino una reconfiguración: volvió distinta, con una voz propia que pronto encontraría resonancia en los espacios artísticos más importantes del país, como el Museo de Arte Moderno.
En sus lienzos, las figuras se disuelven para dar paso a manchas, a trazos, a destellos, a silencios que respiran. Su obra se construye desde la pausa, desde lo no dicho, como si cada superficie fuera un umbral hacia lo invisible. De un inicio donde aún se perciben vestigios de la figura, avanzó hacia un constructivismo libre, donde el espacio se fragmenta y se expande, como puede advertirse en piezas como La Laguna o La Ciudad de Andrómeda.

La ciudad desbordada, contaminación del aire» (1969)
Con el tiempo, su lenguaje se volvió aún más personal: una poética de la disolución. Carrillo deconstruyó la forma hasta convertirla en vibración: grafos, veladuras, zonas de color que se desvanecen unas en otras, generando una respiración visual entre luz y sombra. Blancos que callan, negros que laten, sienas que oscilan, atravesados por fulgores de rojo, azul o amarillo que emergen como pensamientos fugaces.
La vida, sin embargo, también dejó su huella en su cuerpo. En 1951 sufrió una caída que, años después, derivaría en un aneurisma en la médula espinal. Aun así, en medio del dolor y las largas hospitalizaciones, siguió pintando, como si el acto mismo de crear fuera una forma de resistencia. En 1960 se casó con el artista Manuel Felguérez, con quien compartió una etapa de su vida hasta su separación en 1974.

Sin título (1970)
Collection of Isabel and Agustín Coppel
Participó en 1969 en el pabellón mexicano de la Feria Mundial de Osaka 70, dentro del proyecto colectivo sobre “El progreso y la armonía para la humanidad”, donde presentó la obra «La ciudad desbordada, contaminación del aire», una pieza que dialoga con la tensión entre desarrollo y fragilidad.
Expuso en Estados Unidos, Japón, Perú, Colombia, Cuba y España. Formó parte de la muestra inaugural del Museo de Arte Moderno en 1964 y participó en Confrontación 66, un momento decisivo en la ruptura entre la tradición pictórica mexicana y las nuevas búsquedas, dando lugar a la llamada Generación de la Ruptura. En ese contexto, Carrillo se alza como una figura pionera del informalismo abstracto en México, extendiendo su sensibilidad incluso hacia lo escénico y lo coreográfico.
Murió en 1974, a los 43 años. Dejó tras de sí una última obra titulada Inconclusa, como si su gesto creativo se negara a cerrarse del todo. En la memoria de sus contemporáneos permanece no solo como una artista, sino como una presencia: alguien que supo habitar el silencio y convertirlo en pintura.



Deja una respuesta