Eulalia Abaitua nació en Bilbao en 1853, fue bautizada con el nombre de María Elvira Juliana, pero su madre murió al poco del alumbramiento y la familia comenzó a llamarle Eulalia en memoria de su progenitora. Su padre, Luis de Abaitua y Adaro, fue un comerciante bilbaíno que tuvo que contratar a una nodriza para que se hiciera cargo de la pequeña y de su hermano mayor.

Eulalia cursó estudios en el barcelonés colegio del Sagrado Corazón de Jesús de Sarriá, pero no existen otros datos al respecto, ya que los archivos de esa institución fueron destruidos en la Guerra Civil española. En 1871 la familia Abaitua vivió en una casa del distrito de Everton, en la ciudad de Liverpool y fue en esa época cuando Eulalia se casó con el ingeniero civil Juan Narciso de Olano y Picavea de Lesaca.

En torno a 1878 el matrimonio regresó a las tierras vascas instalándose en la que fuera anteiglesia de Begoña, anexionada a Bilbao desde 1925. Allí la pareja construyó lo que fue su residencia definitiva, conocida como el Palacio del Pino. Un chalet, de marcado estilo inglés decorado con materiales y mobiliario importados directamente de Inglaterra. Instaló en su sótano un laboratorio fotográfico siendo su material preferido las placas estereoscópicas de vidrio, tanto positivas como negativas, en formato 4,7 x 10,7cm y emulsión de gelatinobromuro, aunque también trabajó otros formatos.

La genial fotógrafa amateur y autodidacta retrató especialmente a personas sencillas, humildes y casi siempre anónimas, dejando constancia de las actividades cotidianas de su época y del papel de la mujer en el espacio tanto público, como privado. Su labor fue pionera en 1890 y de la colección de imágenes conservadas en el Museo Vasco de Bilbao podemos distinguir tres grandes temáticas: la vida privada, los mundos tradicional y urbano, y los viajes.

Grupo de mujeres españolas

(1900 aprox.)

El primer bloque se refiere a imágenes familiares realizadas en su casa, el Palacio del Pino, donde Eulalia desarrolló una gran variedad de instantáneas. Los protagonistas fueron sus familiares y para estos retratos buscó composiciones diferentes, incluso preparó escenarios y no dudó en pedirles que se disfrazaran para una sesión especial.

El segundo bloque trata la arquitectura, el paisaje y el urbanismo, ambientes donde los protagonistas se nos presentan de frente, perfil, sentados o de pie, junto a la puerta de casa, en la fuente o lavando en el río, en la plaza, en la iglesia, de charla o trabajando, fumando, en el puesto del mercado, solos o en grupo… Por su número cabe resaltar las fotografías realizadas en la villa de Bilbao y las márgenes de la ría (Sestao, Portugalete, Santurtzi, Las Arenas, Algorta). Lekeitio, Mundaka, Ondarroa, San Sebastián, Santoña… y otros destinos costeros. Tuvo, además, dos lugares predilectos: el valle de Arratia y la anteiglesia de Begoña de los que legó imágenes cuyo valor documental gráfico es único a día de hoy para reconstruir la historia.

El tercer bloque, el de los viajes, se encuentra actualmente en fase de catalogación.

La llegada de la sardina (1900 aprox.)

Es un hecho inusual que el trabajo de una fotógrafa aficionada de principios del siglo XX sea mencionado por sus contemporáneos. Arístides de Artiñano y Zuricalday, en su obra “Reseña de las fiestas de Elorrio en honor del Beato Valentín de Berrio-ochoa obispo y mártir” editada en Bilbao por Elespuru Hermanos de 1906, reproduce una serie de fotografías de Eulalia.

En 1941 la fotógrafa se trasladó a un piso de la Gran Vía de Bilbao, donde falleció dos años más tarde. Eulalia Abaitua descansa en paz en el panteón familiar Olano-Abaitua, en el cementerio de Begoña, siendo reconocida como  la primera fotógrafa nacida en el País Vasco.

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