Nació en Madrid en 1944, desde muy temprana edad inició una intensa relación con el dibujo. En 1961, ya en la universidad, conoció a José Puga, que más tarde se convirtió en su marido.

Residió junto a su familia en Estados Unidos, donde recibió clases de dibujo y más tarde asistió durante dos años al estudio del pintor Justo Barboza. Durante un tiempo compaginó el dibujo y la fotografía, trabajando indistintamente en uno y otro medio.

En 1965 entró a formar parte de la Real Sociedad Fotográfica; allí mantuvo contacto con grandes fotógrafos, como Gabriel Cualladó, Paco Gómez… y con otros que, como ella, en aquel momento estaban empezando, como Juan Manuel Castro Prieto y Antonio Tabernero.

Comenzó a interesarse por la fotografía en 1980 y dos años después inició su primera serie, “Paisajes”. Pilar Pequeño habitualmente divide su trabajo en series abiertas, en las que la naturaleza es una constante.

Entre 1982 y 1990 realizó su primer trabajo de plantas titulado “Invernadero”. Esta serie está basada en tomas muy cercanas en las que Pilar juega con esa proximidad, con la fragmentación de la escena y con la visión distorsionada de las plantas a través del plástico para producir la ambigüedad y la capacidad de sugerir, que hace que las imágenes rocen la abstracción.

Euphorbia. Serie Vasos (2000)

1993 continuó su interés en fotografiar plantas, pero lo hizo en su estudio, creando naturalezas muertas Se desarrolla en torno a las transparencias, donde crea todo un juego de sugerencias y ambigüedades propiciado por el agua, el cristal y la acción de la luz. Este trabajo es el más amplio y representativo de toda su obra y en el que continúa experimentando actualmente. Con motivo de la celebración en 2005 de la exposición Don Quijote, una nueva mirada, comienza la serie Bodegones, recreando en blanco y negro la atmósfera de los bodegones del Siglo de Oro

Pilar había utilizado imágenes en blanco y negro hasta que en el 2010 adoptó la fotografía en color, yendo más allá del cromatismo tradicional. Desde siempre invernaderos, paisajes y plantas, han sido los objetos ineludibles de su cámara, y con ellos el agua, la luz, la vida y la muerte.

En la naturaleza muerta no hay “momento decisivo”, hay que crearlo, analizando el sujeto, buscando el encuadre, modificando la luz para destacar las formas, las transparencias, la relación entre los elementos. Para mí es muy importante  saber analizar la luz de la escena y apreciar cómo los objetos, las plantas, las frutas … toda la naturaleza muerta que hemos creado, se transforma según vamos modificando como incide la luz.

Copa de agua y un clavel (2018)

© Fundación Amigos del Museo del Prado, Madrid

Para poder comunicar lo que sentimos ante un tema determinado, también es necesario conocer y dominar la técnica, para poder concentrarnos en el momento de la toma en el contenido y los aspectos formales de la imagen.

La Fundación de Amigos del Museo del Prado, con motivo del bicentenario de la fundación del Museo, invitó a Pequeño a participar en el proyecto “Doce fotógrafos en el Museo del Prado. Doce miradas diferentes y personales que se inspiran en los grandes maestros del Museo”. Eligiendo como fuente de inspiración la espléndida colección de bodegones y floreros que atesora el Prado. El resultado del proyecto se expuso en el edificio Villanueva en 2018.

Salida al jardín,Serie Baixo Miño (2012)

Su obra se ha expuesto en numerosas galerías y se encuentra en diversas colecciones públicas como la del Museo Reina Sofía, Instituto Valenciano de Arte Moderno, Colección Cualladó o la Colección EXIT, entre otras.

En abril de 2011 el Consejo de Ministros de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y en el 2017 fue galardonada con el Premio Nacional Cultura Viva en su XXVI edición.

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