Nació en Lugo en 1907, perteneció a una familia muy arraigada en la provincia que poseía una botica en Vilanova de Lourenzá, Julia fue la mayor de cuatro hermanos.

Desde los 9 hasta los 17 años estudió en Burgos y Valladolid, lo que condicionó su futuro como artista, ya que fue sometida por algunas de las alumnas a constantes burlas por su acento gallego, que ella replicaba realizando excelentes caricaturas de sus compañeras, dibujos que apuntaban ya a la gran artista que se vislumbraba, desarrollando un talento natural para el retrato, que impulsaría el interés para recibir sus primeras clases de pintura.

Se inició en el arte con el pintor Castro Cires en Valladolid y la completó en Madrid en la Escuela de Artes y Oficios, dadas esas excepcionales cualidades y la formación que había adquirido, la Diputación de Lugo decidió otorgarle una beca para la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Durante estos años fue discípula de Manuel Benedito, Cecilio Pla, Joaquín Valverde, Ignacio Pinazo y Eduardo Chicharro.

Con un estilo personal oscilante entre el pos­impresionismo y el naturalismo, pintó paisajes llenos de sensibilidad que marcaron la pintura gallega costumbrista posterior. Su pintura se construyó desde el corte clásico, pero con recursos del esquematismo en el planteamiento de sus composiciones, que se soportaban en un extraordinario talento para la pintura, excelentes aptitudes para el dibujo y el color, poseyó además además de una técnica impecable y una reivindicación constante de su identidad gallega.

En 1941 se convirtió en la única mujer en conseguir una Medalla de Oro de la Exposición Nacional de Bellas Artes por su obra “Escuela de Doloriñas”; su obra más celebrada, que además fue expuesta en la Bienal de Venecia al año siguiente.

La Escuela de Doloriñas (1941)

“La Escuela de Doloriñas” es un lienzo de casi cinco metros cuadrados, en él se representa a la maestra Dolores Chaves (Doloriñas) en su tarea docente, rodeada de una docena de alumnos de diferentes edades que representan la infancia en el medio rural. Julia construye un espacio de reducidas dimensiones donde aloja de manera admirable todos los personajes, mientras al fondo, por una ventana respira la naturaleza.

Participó en las más relevantes competiciones internacionales de pintura y en varias muestras colectivas. Concrétamente en 1948 ganó el Gran Premio en el Concurso Nacional de Pintura, Escultura y Grabado del Círculo de Bellas Artes, y un año después volvió a su Galicia natal, donde fue elegida académica de la Real Academia Gallega de Bellas Artes.

Su figura ha sido sorprendentemente olvidada por la historia del arte, posiblemente pueda haber sido por haber asociada su estética al  ideario del régimen franquista, pese a que nunca tuvo apoyo institucional, pero el tiempo la va reconociendo como la gran dama de la pintura gallega y una de las figuras artísticas más importantes del siglo XX que consiguió desarrollar una brillante trayectoria en un mundo masculinizado.

Otros motivos también parecen justificar la poca atención que le ha mostrado la historia. Por un lado haber sido “una mujer normal”, que jamás mostró actitudes contestatarias ni se significó políticamente, también la poca aceptación del mundo de arte sobre la pintura figurativa en el momento de las posvanguardias y por último haber seguido a su marido en una prometedora carrera periodística, dejando la suya en segundo término.

La Tyla y yo (1943)

Pasó la última etapa de su vida en Madrid, donde se había instalado desde 1961, ya que su marido fue nombrado director de la revista Mundo Hispánico. En la capital sufrió con el fallecimiento de su padre y poco después, enfermó de un linfosarcoma que terminó con su vida 1965, cuando apenas contaba 58 años.

https://www.youtube.com/watch?v=zUCzjrhELIY