Julia Margare Pattle nació en Calcuta, cuando la India era territorio británico en 1815, su padre fue oficial en la Compañía East Indias y su madre descendiente de aristócratas franceses, tuvo diez hermanos y formaron parte de culta e influyente  sociedad bengalí, fue educada en Francia hasta los 19 años y después regresó de nuevo a la India.

Se casó con  Charles Hay, veinte años mayor que ella, un excelente jurista y plantador de té. Vivió en la India hasta los treinta y tres años, después se trasladó con toda su familia a la Isla de Wight, en Inglaterra. Cameron tuvo seis hijos y otros adoptados, por este motivo vivía en un gran caserón, que siempre se encontraba lleno de poetas, artistas y científicos de la época victoriana.

En 1863, cuando contaba cuarenta y ocho años, su hija le regaló una cámara fotográfica, este hecho tuvo un fuerte impacto en Julia que, desde entonces, se dedicó plenamente a este arte. En su autobiografía “Annals of my glass house”, publicada en el año 1874, Cameron nos relató que su pasión por la fotografía comienza desde ese omento.

'May day' (1866).

May day (1866)

En un principio nada sabía sobre manejo de la cámara, su primera persona retratada fue un granjero al que pagaba media corona por hora; después de muchas medias coronas gastadas en experimentar, obtuvo su primera fotografía “buena”. Después del granjero probó con niño y poco a poco pudo ir superando las dificultades del enfoque.

En una ocasión, a mitad del proceso de conseguir una maravillosa fotografía, un niño rió y le hizo perder la toma ya que necesitaba un tiempo de exposición muy largo. Con el posado de su pequeña modelo Annie consiguió su fotografía llamada “My first success” (Mi primer éxito) y, según asegura, ningún premio posterior le hizo tan feliz.

En esta autobiografía Cameron nos habla del discutido desenfoque de sus fotografías, nos dice cómo esta primera imagen que tomó la marcó porque tenían un encanto especial, así que cuando empezaba a enfocar y llegaba a algo que para su ojo era bonito, paraba y lo fotografiaba en vez de continuar hasta el enfoque definitivo que los demás fotógrafos perseguían. Por lo tanto según ella el desenfoque sí era deliberado, algo buscado.

Retrato de Julia Jackson, sobrina de la fotógrafa y madre de la escritora Virginia Woolf (1867)

En 1865 realizó unas fotos de su amiga Mary Hillier, una de sus más constantes modelos, vestida como una de las Madonnas representadas en las pinturas renacentistas italianas, pintó un halo alrededor de su cabeza directamente en el negativo para dar a la escena de una sensación sacra. Después las envió a Berlín, la ciudad de la fotografía artística, según ella, y fue premiada con una medalla de bronce y al año siguiente con la medalla de oro; la racha no paró porque el instituto Hartley le premió a su vez con una medalla de plata.

Contó con el apoyo personal de sus amigos y familiares que, pese a la extravagancia que suponía ser una mujer fotógrafa en aquella época, la ayudaron en todo momento, especialmente su marido que revisaba todas y cada una de las fotografías con satisfacción, según ella misma comentó. La fotografía no era entonces un asunto de chicas. Menos todavía de señoras.

En su autobiografía también nos relata cómo fotografiaba a sus amigos, convirtiéndolos en personajes, fotografió a su amigo Sir Henry Taylor como el fraile Lawrence, para la fotografía “Friar Lawrence and Juliet” o en “Próspero”, el duque milanés de La Tempestad de Shakespeare.

La influencia de la pintura en su obra es una constante, sirva de ejemplo el retrato sobre al profeta Jeremías del pintor Masaccio en “El tributo del césar”, en él se ve claramente la influencia del movimiento Pre-Rafaelita.

Julia también construyó espacios con personas reales, para reinterpretar cuadros específicos de artistas como Rafael o Miguel Ángel, retratando en lugar de pintar, pero guardando ese toque poético que aporta la pincelada. Los críticos más severos arremetieron contra ella por utilizar un medio de representación real, como lo es la fotografía, para temas imaginarios. Algunos sugirieron que en el mejor de los casos sus fotografías podían servir como estudios para los pintores. Sin embargo, el South Kensington Museum (hoy, Victoria and Albert Museum) sólo compró Madonnas y Fantasías, y las exhibió como fotografías por derecho propio.

El rey Lear y sus tres hijas (1872)

Una de sus modelos preferidas fue Julia Jackson, su sobrina, que más tarde sería Mrs Herbert Duckworth, la madre de la famosa escritora Virginia Woolf.

Después de más de 900 imágenes, cuando se mudó a Sri Lanka, su actividad fotográfica disminuyó notablemente. Todavía tuvo tiempo de escribir el poema adecuadamente titulado “On a portrait”, en él rezaba, quizá resumiendo su trabajo

¡Oh, misterio de la belleza! ¿Quién puede describir tu poderosa influencia?

En el 2016 la en la Fundación Mapfre pudo verse una retrospectiva con motivo del bicentenario de su nacimiento y el 150 aniversario de su primera exposición, celebrada en 1865 en el Victoria and Albert Museum, de cuyos fondos procedieron las obras de la exposición.

https://es.wikipedia.org/wiki/Julia_Margaret_Cameron