Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1814 siendo la séptima de los hijos de una familia de comerciantes que más tarde se trasladó a Londres, ciudad en la que creció y vivió toda su vida, allí también se formó como artista de manera autodidacta.

En 1851 murió una hermana con la que se sentía muy unida, hecho que la llevó a intentar comunicarse con el espíritu de la difunta. El espiritismo, a su manera compatible con la religión cristiana, llevó a Georgiana en 1861 a producir dibujos supuestamente guiada por espíritus.​ Desde entonces empezó a producir dibujos “espirituales” en sesiones privadas.​

El espíritu es quien conduce mi mano cuando pinto sin que yo pueda hacer nada para controlarlo.

El mundo de los espíritus formaba parte de la sociedad victoriana de una forma completamente distinta a como podamos imaginar en la actualidad. El espiritismo resultaba un modo de escapar de una realidad opresiva, además de ofrecer la onírica posibilidad de comunicarse con los seres queridos ya fallecidos. Entre los años 1860 y 70, Georgina produjo una sorprendente serie de acuarelas abstractas asegurando que estaba guiada por varios espíritus, entre ellos varios artistas del Renacimiento, así como seres angelicales, concretamente la obra “El ojo de Dios” de 1864 en su inscripción nombra a Tiziano como guía espiritual. Houghton se asoció con el fotógrafo de espíritus, que resultó fraudulento, Frederick Hudson para vender reproducciones de sus fotografías.

Glory be to God (1868)

En 1871 con una producción de 150 obras, expuso en la New British Gallery en Bond Street, ante el perplejo público londinense, pero la exposición resultó un auténtico fracaso comercial.

La obra de esta artista tiene la capacidad de ofrecer a quienes la contemplan su verdadero significado: la unión entre el arte y el espiritismo. Ella hizo uso de la pintura como método de comunicación con los muertos; utilizando un mecanismo similar al de la escritura automática aplicando al pincel,  entraba en trance y se dejaba guiar en sus obras. El fruto de ello es una pintura que hoy podríamos considerar, si lugar a dudas, como precursora del arte abstracto y lo que parece ser un claro mensaje de otra dimensión, Georgiana representó su visión de mundos cósmicos en los que reina el orden del desorden. Algunos críticos consideran que su pintura, de haber sido conocida y difundida, se hubiesen adelantado a Wassily Kandinsky y sus teorías del arte abstracto de 1910.

En 2016 la galería Courtauld rescató la pintura de Houghton del olvido. El veterano crítico de arte Waldemar Jannuszczak dijo sobre la pintura de Houghton: “Raras veces en mi vida de crítico de arte me he quedado tan pasmado como delante de las acuarelas de Georgiana Houghton. Las fechas de sus dibujos hicieron que me restregara los ojos con incredulidad […] Ha aparecido una artista en el arte que reescribe la Historia” y Jonathan Jones escribió en The Guardian: “Es la primera artista abstracta […] Esta mujer fue un genio que sólo pudo crear y enseñar su arte atribuyéndolo a hombres blancos muertos”.

Algunas de sus obras llevan títulos como Flor de Warrand Houghton, La Sagrada Trinidad, 29 de noviembre de 1861, El monograma de Cromwell Varley, de 1869, o “El ojo de Dios”

El ojo de Dios (1864)

Murió en la pobreza en 1884 en Londres y casi todas sus pinturas fueron heredadas por la Unión de Espiritistas Victorianos de Melbourne (Australia). Se afirma que fue su relación con el espiritismo lo que provocó que toda su obra fuera ignorada tras su muerte, mientras otros autores decimonónicos, como Victor Hugo o Conan Doyle, también estuvieron relacionados con tales prácticas y no se les condenó al olvido. Seguramente, la razón principal por lo que Houghton no fue recordada se deba a su condición de mujer, de nuestra difusión depende traer el nombre de Georgina Houghton a la memoria y difundir una obra al margen de espíritus, fantasmas y similares.