Carmen Gal Orendain nació en Irún (Guipúzcoa) en 1919, en una familia acomodada y culta. Los comienzos de la artista se remontan a su infancia en Irún, repleta de libros y música. Sus primeros estudios los realizó en su ciudad, en el Colegio del Pilar, en el que no encajaba en el sistema de enseñanza que impartían. Muy pronto despuntaron sus dotes artísticas, por lo que sus padres contrataron al pintor Gaspar Montes Iturrioz para que le impartiera clases de dibujo en su domicilio a la edad de siete años. Fue precisamente él quien sugirió a la familia que Menchu viajara a París para ampliar su formación y allá fue con tan sólo 15 años.

Instalada muy cerca de Montparnasse, acudía diariamente a la academia de Amédée Ozenfant, quien la obligó a reducir su paleta a la estricta gama de los colores terrosos. Un duro condicionante para la joven, que ya vivía fascinada con lo que había visto en las exposiciones de Henri Matisse y los maestros del Impresionismo.

Su estancia parisina aportó a Menchu Gal un aire cosmopolita que la alejó para siempre del provincianismo. El ambiente bohemio de la capital francesa la dotó de resortes que después serían muy valorados. En 1943 regresó a Madrid e ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando donde impartían clases Aurelio Arteta y Daniel Vázquez Díaz, aquellos fueron unos años de una febril actividad. José Gutiérrez Solana la puso en contacto con los artistas vanguardistas Benjamín Palencia, Rafael Zabaleta y Juan Manuel Díaz Caneja, entrando a formar parte del círculo de paisajistas de la segunda “Escuela de Vallecas”.

El estallido de la Guerra Civil obligó a Gal y su familia a refugiarse en Francia, donde definitivamente dio rienda suelta a su amor por el colorido. Una vez terminada la contienda, regresó a la capital de España, donde se integró en la llamada Escuela de Madrid, bautizada así en 1946. Fueron tiempos muy duros para el arte en un país donde no era fácil conseguir un poco de pan o un puñado de garbanzos, pero la admiración que por ella profesaron maestros como Benjamín Palencia la ayudaron a salir adelante. ​

Los áridos paisajes de Castilla y las marinas de su País vasco natal fueron muy pronto seña de identidad de su producción, que completó con retratos y bodegones, y que la consolidaron como una de las grandes artistas de la posguerra. Ni siquiera régimen franquista se atrevió a negar el talento indiscutible de Menchu Gal, que fue seleccionada en tres ocasiones para representar a España en la Bienal de Venecia (1940, 1950 y 1956) y en1959 fue distinguida con el Premio Nacional de Pintura, lo que la convirtió en la primera mujer que consiguió en España tan importante galardón.

En la última etapa de su vida impulsó el apoyo a las jóvenes generaciones de pintores vascos, así como la recuperación de la figura de su primer maestro Gaspar Montes Iturrioz. En sus setenta y siete años de intensa vida pictórica participó en 70 exposiciones individuales y 232 colectivas, de entre ellas destaca “El paisaje en la pintura española contemporánea”, realizada por la Fundación Gulbenkian de Lisboa en 1971; “Las mujeres en el arte español”, en el centro cultural Conde-Duque de Madrid y “La Escuela de Vallecas y una nueva perspectiva del paisaje”, ambas en 1990. Sus obras forman parte de las colecciones del Museo de Bellas Artes de Bilbao y del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid entre otros.

En el 2010 se creó la Fundación Menchu Gal con el propósito de conservar, estudiar y difundir el legado cultural y artístico de la pintora que había fallecido en San Sebastián a los 89 años de edad.

http://www.fundacionmenchugal.com/