Rosa_Bonheur_(1898)Rosa Bonheur nació en Burdeos (Francia) en 1822. Desde muy pequeña mostró una gran sensibilidad no exenta de habilidad técnica en la conexión arte y naturaleza, lo que le llevó a realizar sus primeros estudios en París de la mano de su padre Raymond Bonheur, también pintor, que desde muy niña contó con todo su apoyo. Perteneciente a una familia de artistas, Rosa era hermana del también pintor Auguste Bonheur y del escultor Isidore Jules Bonheur. De su formación también cabe destacar que pasó varios años en plena campiña, concretamente en Quinsac, cerca de Burdeos, donde desarrolló su auténtica pasión, estudió anatomía animal visitando mataderos y haciendo disecciones. Preparaba cientos de bocetos y hacía multitud de estudios detallados antes de comenzar un nuevo cuadro o escultura.

Rosa empezó a destacar cuando expuso por primera vez al ser seleccionada para exponer en el Salón de 1843, en el que obtuvo una medalla de tercera. Al año siguiente expuso en “Labourage Nivernais” por encargo estatal, pero con su obra “La Feria de Caballos” que presentó en el Salón de 1853 conoció la gloria internacional.

rosa-bonheur-la-feria-del-caballo-720x341

A raíz de este éxito comenzó a efectuar viajes en los que conoció a personalidades de todos los ámbitos, como la reina Victoria, la emperatriz Eugenia e incluso al Coronel Cody, que le regaló como recuerdo de su encuentro una auténtica panoplia de sioux. Sus obras fueron muy valoradas ya que mostraban un estilo de vida que había desaparecido un siglo antes y que era del gusto de la sociedad victoriana, por lo que se hicieron muy populares en Inglaterra.

Bonheur fue la primera mujer artista condecorada con la orden de la Legión de Honor en 1865.

Bonheur fue la primera mujer artista condecorada con la orden de la Legión de Honor en 1865 -recibió esta distinción de las manos de la emperatriz Eugenia de Montijo – fue ascendida a Oficial de esta Orden en abril de 1894.

“Labranza en nivernés”, también llamado “El Sombreado”, 1849

“Labranza en nivernés”, también llamado “El Sombreado”, 1849

Es famosa la anécdota de que Rosa Bonheur tenía que solicitar a las autoridades policiales de París la autorización de equiparse como hombre (llevar pantalones) para poder asistir a las ferias de ganado, pero al margen de la anécdota a nadie se le puede escapar apreciar el valor de esta mujer capaz de acercarse a distancias inverosímiles a animales de gran envergadura, equipada únicamente con un cuaderno y lápiz para captar esos bocetos rápidos que dieron como fruto sus grandes composiciones. La valentía de Bonheur queda de manifiesto en la fuerza y el movimiento que supo plasmar.

En el plano personal cabe contar que mostró públicamente su lesbianismo y vivió dos relaciones amorosas, una con la pintora Nathalie Micas, a la que conoció en 1837 cuando Rosa tenía 14 años y Nathalie 12 y de la que no se separó hasta su muerte y una segunda relación, después de la muerte de Nathalie, con la estadounidense Anna Klumpke también pintora, con la que convivió el resto de sus días y que fue su heredera universal. Paradójicamente, la vida excéntrica de Rosa Bonheur no provocó escándalo alguno en una época extremadamente preocupada por las convenciones sociales.

Rosa murió en 1899 y como recuerdo nos ha dejado su taller que puede visitarse en el museo-castillo de By cerca del bosque de Fontainebleau.